200 ejemplares
Rosse Marie Caballero
2004
depósito legal: 2-1-1468-03
ISBN 956-8230-10-6
Apostrophes
Ediciones
www.apos.cl
Santiago
- Chile
Tel
/ Fax: (56-2) 638 6245
e-mail:
ediciones@apos.cl
A
esta voz interior pertenece Rosse Marie Caballero. Con recatada expresión vemos
cómo va trabajando el pensamiento por salir afuera, por salir desde los
rincones secretos de la emoción hecha de un constante ir y venir del paisaje al
jardín, del aire al susurro. Y no de otra cosa está hecho su libro “Hojas de
Eva”. Emoción sincera y bien expresada que se mueve con comodidad repleta de
motivos revelando una austera serenidad ligada a las mejores disposiciones
expresadas en la sugestiva forma del verso.
Este
libro es, finalmente, un libro de poesía en el que muestra lo puro y esencial
de un acontecer íntimo y reconcentrado, conceptos e imágenes que, partiendo de
un acoplamiento con el mundo, mantienen un equilibrio de musicalidad y contenida
pasión.
uno
Les sanglots longs
de violons
de l’automne
blessent mon coeur
d’une langueur
monotone…
Paul Verlaine
Candideces
Si pudiera retronacer
en aquel brillante atardecer
cuando niña el cabello peinaba
con peinecito
de oro
y
horquillas de cristal
O si pudiera anudar un lazo rosa
en la frente virgen de mi adolescencia
volvería a enumerar las estrellas
cada una más pequeña y lejana
o volvería a mirar por los balcones
para ver pasar a los muchachos tristes
de aquel tiempo.
Pero el reloj es de acero
inquebrantable y sereno
sus agujas no transpiran el sudor
de los gentíos.
La sal del tiempo es polvo seco
tan blanco pálido como el olvido.
Si pudiéramos
coralizar las rondas infantiles
en tonadillas silvestres de mil colores
o revenir los pasos perdidos en el camino
de ilusiones cristalinas con-fundidas
al calor de alguna lágrima…
Pero la nieve derretida es agua
y bajará por las laderas hasta la fuente
para volver a ser nube y luego lluvia
y, tal vez, en otra vida, otra vez nieve.
Tres
el amor ya fatigado
lluvia, céfiro, mares, vientos.
Vientos –duendes
del Levante-
hojas secas,
polvo, arena.
En el umbral
los naranjos,
casi rojos,
amarillos han tornado.
Nubes blancas, mortajuelas
grises, plomizas, esfumantes
en el fondo de la sombra se ha quedado
la encendida lamparilla titilante.
¿Cómo vencer al sueño herido
cuando el alma desterrada no camina?
Vientos –duendes
del Poniente-
hojas secas,
polvo, arena.
No camina, no. Duerme.
-trémulas palidecen sus mejillas-
O tal vez desfallecida sueña el eterno
navegar de los mortales.
Trashumante cielo oscuro sin arroyos
has de abrigar esa divina palabra
sin testigos. Una firma negra y sola
en el envés de la luna
dice adiós al buen destino.
Adiós... ¡ una palabra tan débil !
Vientos –duendes
del Levante-
hojas secas,
polvo, arena.
Hay que inventar la muralla que divida
el odio de palabras vocingleras
hay que verter en la tinaja de arcilla
otras aguas atmosféricas, más tranquilas.
Vientos –duendes
del Poniente-
hojas secas,
polvo, arena.
En el umbral
los naranjos,
casi rojos,
amarillos han tornado.
Feuilles
d’automne
Te
imagino
caminar
bajo la lluvia
pisar
las hojas secas del otoño
hojas
secas del otoño
hojas
blancas... hojas faibles.
Hojas
secas, manto negro
gota
a gota la lluvia fuliginosa
y
helada
con
la brisa del invierno que se acerca
a
pellizcos se ha encontrado.
Un
paraguas tan delgado
sobre
el corazón deshecho
cubre
el llanto que las nubes
solitarias
han dejado.
Pecho
herido
cada
frase tus arterias han sangrado
y
en el rostro la mirada
de
un vencido, de un vencido.
Por
las calles lentas bajas,
te
imagino
pecho
herido. Las gaviotas
no
navegan en la arena
sólo
tú, vagabunda hoja seca,
vas
rasgando lo intangible.
(Te
imagino caminar bajo la lluvia).
La
espuma
A
lo lejos
la
penumbra esclarecía...
manos
pérfidas clavaron
en
los pétalos de rosa desengaños.
Crisantemos amarillos
alelíes, sois la espuma, sois la espuma.
Las
palabras
todas
libres coqueteaban con la luna
y
ella , sola, pobre, frágil pajarilla
las
creía
las
creía.
Crisantemos amarillos
alelíes, sois la espuma, sois la espuma.
Los
almendros
de
sus grandes hojas quietas
desprendían
las
mentiras
las
mentiras.
Por
su boca transitaron
bellas
sílabas desnudas
por
sus dientes perfumados
los
fonemas
escapaban
escapaban.
Crisantemos casi, casi amarillos
sois la espuma, sois la espuma.
la
mirada de un poeta
al
claror de una vidriera
escribía
escribía
y
las ráfagas de viento
cual
cuchillos afilados
al
cristal de su mirada
transgredían...
transgredían.
Crisantemos casi, casi amarillos
casi, casi
sois la espuma... la espuma.
Caen las hojas en el otoño
arces, álamos, cipreses
la
noche quieta en la ventana
despide
al día, lejana estrella.
Vuela
el símbolo mágico de las palabras
susurra
el viento al polvo el canto
de
un cisne ausente que está muriendo
caen las hojas en el otoño...
La
tierra enjuga su última lágrima
un
cirio azul dentro la esfera
rima
la danza de los latidos
arces , álamos, cipreses.
Arces, álamos, cipreses...
el
monte esconde en su mirada
la
hoja sagrada maniatada
abre
su vientre y en él la encierra
caen las hojas en el otoño.
Espejismos
Ojos
linces...
le
brillaban ilusiones cual jazmines
y
el color limón sutil de su mirada
el
paisaje del adiós desdibujaba.
Nardos blancos
tantas flores, tantos cardos...
Desde
el mítico fondo del lago
llamaba
el dios de la isla
el
del sol, el de la luna
la
escalinata de pulidas rocas viejas
por
los siglos de los siglos
en
su corazón de indio reposaba.
Nardos blancos
tantas flores, tantos cardos...
-¿Conociste
tú las flores de tu entorno?
-Sólo
hierba y pajabrava
-¿Y
por qué de tus montañas escapaste?
-No lo sé.. para buscar en los huertos
de
otras tierras mi jazmín o cardo blanco
que
entre sueños su perfume adivinaba.
Nardos blancos...
tantas flores,
tantos cardos
en la barca de papel azul finísimo.
Te
esperaré
apenas
el alba clareaba
al
frente de mis ojos
tal
vez el fulgor de otros ojos
de
antaño obnubilaron la luz
la
nieve en los picos del Illimani
gritaba
el amor que por tus labios fluía.
Entonces
canté
las
melodías de la brisa junto a mi ventana
calmé
la sed con el agua
de
tu cántaro de arcilla.
Aquellos
años impalpables,
solitarios
gigantes inatrapables.
¿Sabes?
Inatrapables
sí, pero no inacariciables.
Crié
unos ojos verdolagos
límpidos
como el cristal
crié
tu piel bajo mi almohada
y
viví ahí, recostada junto a tu sombra.
Tú
vagarás por el mar de puerto en puerto
y
yo -tal vez-
esperaré
sobre
una barca de madera envejecida
o
dentro de un ataúd fosforescente.
Tal
vez
de
aquellas luces que brillaban en la estepa
fueron
lumbre, fuego, incendio, estalactitas, meteoros, asteroides.
Los
caminos de mi tierra
arrastran
sombras que deambulan
cementerios
desolados
de
crisantemos encrespados.
Tal
vez alguna lluvia
dejó
una gota en
que
no moja ya la hierba
porque
es poca
corre
el río y la cigarra
canta
al agua su abandono
mas
no es canto, es poesía
que
el rumor del riachuelo
no
percibe.
Corre
el río y
la
cigarra gime su melancolía
una
barca de papel
en
ella se hunde
y
el agua quieta y tranquila
inocente
de su pena
fluye
abajo tan callada.
El
cirio triste azul flamea
lánguidamente
el ave vuela
la
circunferencia se va cerrando,
el
ave en ella se va asfixiando
La
cigarra, a lo lejos, un brinco
otro
brinco, el grillo, el cántico,
la
espuma.
Tal
vez algunos nombres he olvidado.
Madre
-poesía
de aroma en movimiento-
llegaría
hasta tu huerto
-hermana
de la fragancia- madre sola.
Desde
tu alma iluminada
su
perfume de ilusiones ha brotado.
Una
rosa deshojada del jardín de la inocencia
color,
alas, terciopelo…
tu
corola de sonoros pétalos desnuda.
Madre,
entregada ante la cruz de la ausencia
martirizas
pálidas tus manos en el fogón apagado.
En
las sobrias porcelanas de oferta
depositas
la mirada, triste, sola
caminando
un paso y otro y otro paso
las
laderas de recuerdos añorados.
¿Dónde
volaron las aves que tu nido han dejado?
otras
tierras tramontaron, mares, aires
tras
las huellas imperfectas del destino.
Amanece en tu ventana y sollozando
has descuidado la flor que regándola
criabas.
La flor se hizo fruto y del fruto
la semilla procreada
regresa a ti en un paquete postal,
fotografiada.
Tu vida no vale nada sin el canto
que las voces de tus hijos
olvidaron.
La semilla en otro huerto
sonriente
sembrarás una mañana de estío
semilunas en tus ojos han de
abrigar ese sueño
y volverás a regar otras plantas,
otras flores
y otros frutos de tu estampa,
madre sola.
Y en tu pelo ha de posarse la
espuma
nieve, blanca, fina y suave
de los años impalpables que han
pasado.
Dos
joyas
(a
mauricio y mónica)
Como
astros altivos
dos
joyas en jade engastadas:
uno
diamante, la otra amatista
el
primero rubí, la segunda
perla
de coral.
Dos
dioses olímpicos
el
sol y la luna
uno
el bravo río, la otra la mar
ésta
la montaña, el otro el cielo.
Dos
imperios:
el
Incásico y el Gran Paitití
emergen
perennes
creando
la patria
firme,
augusta, solemne
el
niño y la niña
que Bolivia abriga.
El bosque entona canciones de paz
o fieros poemas de olvido.
El
manifiesto
La sombra esparce sus mil enigmas
el ancho bosque verde ha
cambiado
La sal devora del mar las aguas
Las
olas funden la vida y muerte
se
abren los cielos omnipotentes
tiemblan
los ángeles frente al Final.
Euroamérica
salta
la soledad. Es piedra.
Las encinas, los olmos, alcornoques
granito, arena.
Es piedra.
La
soledad doncella del silencio
el romero, tomillos, el enebro.
Las
cuerdas de un violín derraman
una
lágrima. El mar mediterráneo
asoma
alguna vela.
Aquí
todo está programado:
también
las despedidas.
Madroños y los fresnos,
sauces enamorados.
Las
calles aprisionan una mano
sin
sueños. Todo está programado.
Yo
vengo del Nuevo Mundo
allí
donde la selva se besa con los ríos.
Tajibos, almendrillos, el gran jacarandá.
Allí
donde el indio me cubre con su poncho. Arena,
rocas cerros.
Allí
donde se baila con una tamborita
y
una jarra de chicha no falta en nuestra fiesta. Los
molles, el chillijchi, los altos eucaliptos.
Vengo
del altiplano, del chaco, de los valles...
vengo
del Nuevo Mundo
y
allí, sí,
-plantadas
mis raíces-
un
árbol quiero ser.
Canto
en
entre
el bramido de oscuros toros
danzas
flamenco y aplaudes fiera
las
felonías de tu bravura.
Pasan los toros, toros furiosos
bajo
pasan sombríos los diez toreros
que ayer perdieron en dura lid.
No
intentes, Madrid, quedar encinta
que
ya has parido trescientos mil
las
noches negras te han pagado
por
tu silencio de gato en celo.
Pasan los toros, toros furiosos
bajo
pasan sombríos los diez toreros
que ayer perdieron en dura lid.
Salen
azules los españoles
de
sus guaridas de vino y pan
tienen
su historia sobre la espalda
que
ha marcado sangre y desdén.
Sangre
y olvido no viven juntos
tu
huella nunca se cubrirá
llanto
has causado entre mi pueblo
y
ello por siempre te pesará.
bajo
pasan sombríos los diez toreros
que ayer perdieron en dura lid.
El
llanto de Narciso
de
las aguas que emanan su memoria
el
mito griego cambió su historia:
su
hermoso espejo en un desierto
inmensurable
se transformó.
La
patria ausente callada gime
estelas
de oro pende en sus hijos
regados
duelos por otros mundos
pierden
su esencia dejando el manto.
Narciso
encuentra en otras tierras que
no
es tan bello su cuerpo entero
la
fuente añora su antigua casa
verdes
praderas, nevados cerros
las
aves trinan en otras ramas
tristes
canciones de la teluria.
Europa
esculpe nuevas leyendas
vienen
los mares trayendo naves
de
olas lejanas americanas
saltan
alegres los caracoles
mas,
no es su gloria en esta playa.
Melodías
de mi pueblo
la
pobreza de mi pueblo
los
niños vientres de seda
al
viento soplan sus penas.
Acuchillan
la tristeza
salen,
entran los fantasmas
una
sombra encadenada
atraviesa
los tejados.
Las
lejanas primaveras
hacen
juego con la ausencia
el
horizonte ha hilvanado
sus
bordes con los nevados.
A
lo lejos sueña un ángel
es
el indio con su poncho
siente
el alma la miseria
de
los hijos desnudados.
Una
mano pide entonces
llenar
de pan o monedas
los
cultivos han negado
sus
frutos en el poblado.
El
frío de las montañas
la
pobreza de mi pueblo
un
punto de Sudamérica
en
el centro de la tierra.
Por
las noches
las
estrellas parpadean
una
de sol, una de luna
las
porciones escasean
de
patatas y de trigo.
El
frío de las montañas
la
pobreza de mi pueblo
bastaría
un sembradío
lleno
de flores de tuna.
Cerro
de San Cristóbal
(a Tania)
“Perdón
por la lluvia de Chochi” –escribía Azócar
“Las
interminables lluvias de Temuco”, Neruda.
La
lluvia pérfida cae cansada
por
la alameda de Santiago
helada
cae delgada
fina
(hilos de plata), pero mezquina.
Llueve
de a poco por la mañana
más
tarde un poco y toda la noche otro poco.
La
lluvia fría por la pradera
persigue
amantes que huyen corriendo
botas
de caucho, negros paraguas
a
paso firme las avenidas.
Blancas
las gotas como el nevado
rasgan
cristales en las ventanas
torvos
paisajes desdibujados
miran
tras ellas los solitarios.
Hiela
de noche sobre el Mapocho
cruzan
los coches a toda prisa
tristes
las luces solas se miran
lloran
la pena de San Cristóbal.
Isla
negra
Amanece.
Tu
territorio despierta, Neruda
en
la playa olvidada del tiempo
encrespadas
las olas
más
bellas y blancas de invierno
devoran
ansiosas tus versos del alba.
Embravecido
el Pacífico
los
hitos de rocas eternas golpea.
En
la espuma ha quedado tu nombre atrapado
allá
donde perfecta tu mirada labraba
los
poemas del mar infinito.
Atardece
En
tu patio son marchitas las hojas
de
viejos escritos al viento
cada
paso que diste en la casa
su
huella ha dejado de dolor o de lumbre
como
dos ventanales abiertos al Inti
increíblemente
amarillo de este lado del mundo.
Refulge
brillante el lejano horizonte
son
el color de la arena y de los naranjales
que
han prestado sus tonos de fuego al Poniente.
Atardece...
Son las siete en punto
en
la mesa del bar tus amigos esperan
que
les sirvas el vino -como antes tus risas-, pero tú no caminas, Neruda,
descansas
bajo
el florido mantel de pequeñísimas lilas
extendido
en el lecho de tu tierra isleña.
La
metáfora en sonoros pinceles de jade
ha
anclado un poema en tu estrella
desprendido
del cielo por toda
en
mi cuaderno desnudo
las
horas que yo he pasado
contemplando
sus letras
aquellas
corolas rojas de volcán con espermas
o
esas lilas marchitas bajo un zapato viejo?
Aquel
cuaderno quieto
que
enumera miserias
en
el rincón tranquilo
de
mi cuarto alquilado,
aquellas
horas huecas
dedicadas
al peinador sombrío
tras
cortinas de make-up
para
disminuir estrías.
¿Alguien
ha visto acaso
la
soledad de la cigarra
bajo
la piedra muda
solfeando
canciones
en
la noche preñada
de
incontrolables penas?
¿Han
visto la mudez del minero
en los mercados del contrabando
penado,
o
el alimento del campesino
en
el árido altiplano?
¿Dónde
está la bravura de otros tiempos
dónde
la raza de bronce que ha caído
al
abismo de un mundo globalizado?
¿Alguien
ha visto acaso
el
dolor de los trenes
cuando
parten piteando
la
tristeza del viento
que
se queda en los andenes
de
la ciudad vacía,
o
la melancolía de una banana
demasiado
madura en la basura?
La
vida de un ser humano
o
de una piña verde
vive
del mismo aire
que
consume una mosca.
nobody looks for us
pasan
las plumas de aves
por
los pasillos del indiscreto
y
acorralado aeropuerto.
Plumas
rosadas, plumitas negras
amarillentas,
color de tierra
o
plumas blanquitas. Las hay
rojizas
de rostros lentos
otras
son plumas de tres colores:
la piel, el pelo, los ojos tibios.
In London Gatwick
nobody looks for
us
plumas,
plumitas, plumaverales
¿dónde
volasteis en otra nave?
lejos
tomasteis el vuelo errado
aquí
os espera el ave que un día
fue
la guarida y adiós zarpasteis.
Charente,
adieu
anuncian
otoño en el gran París.
Lejos
va la barca que zarpó la playa
Eiffel
nos espera, Biarritz atrás.
La
bella Charente, Balzac y el castillo
y
todas las musas de la creación
su
manto extienden cual hojas resecas
y
unas lenguas negras me dicen adiós.
Dueño
de paisajes
Con
los colores
al
v
i e n
t o
juegas
rose pale, écarlate, vert olive
La
noche intrépida espera inquieta
que
la hagas tuya en cualquier pose
buscas
las sombras en el paisaje
y
en ella expira lánguido el clímax.
en
el suspiro de cualquier gato
viejos
amantes bailan al tango
mientras
la luna desnuda lobos.
Traen
sus hojas miel y esmeralda
las
poetas solas asoman lentas.
La
ciudad brilla entre las aguas
del
río Sena, aguas de oro
las
barcas llegan bajo la noche
las
poetas cambian, bravas,
Un
pañuelo blanco
comprimir
las nubes del cielo
o buscar piedrecillas preciosas
al borde de un río
o perlas marinas debajo la arena?
¿Cómo encontrar las promesas
perdidas?
¿volviendo a nacer o muriendo de nuevo?
Las ostras contienen las claves del oro
tus
cartas apenas quimeras prohibidas
las voces
mentidas son larvas resecas.
Van miles, millones de horas
varadas
en los minuteros marchitos del
tiempo
tú no sufres nada. Naciste riendo
en tu pecho han puesto corazón de
hielo
y el frío de invierno perdura en
tu alma.
¿Cómo navegar sin barco en la
orilla
tramontar Los Andes o Los Pirineos?
La balsa ha expirado anclada en la
playa
las nieves forjaron fronteras
gigantes
mis manos flamean un pañuelo
blanco.
y
dulce...
“…Si entendiera todos los misterios
Y todo conocimiento,
y
si tuviera toda la fe,
de manera que trasladara montes,
y no tengo amor,
nada soy”.
1 Cor. 13.2
Obsesión
Un
faro
infinito
me
llama
y
yo
casi
como
una
estatua
de
arena
tengo
ansias
de
acudir
sé
que
nada
es
la
lluvia
cuando
no
llueve
nada
la
nieve
cuando
no
nieva
nada
la
mar
si
no llega
el
verano
y
las gaviotas
mueren
como
yo
en
la playa
sin
esos ojos
que
no me miran.
Sirena
intrépida
en
la playa
sal
y agua
incitan
mi
encanto.
En
la arena
mi
grito
ha
quedado
flagelado
por
los rayos
voluptuosos
del
sol.
Caracoles
y
estrellas marinas
se
han posado
en
la orilla caliente
y
galopan
caballitos
de mar
por
las dunas.
En
otoño
el
mar no florece
y
las olas
se
llevan
lejanas
gaviotas.
En
la isla
el
rocío
ha
caído
como
perlas
de
nieve y cristal.
Me
desnudo
y
el viento
azota
mi cuerpo
y
mi alma
naufraga
en
la mar.
la solitaria cabaña que relata
mil historias escondidas
de otros cuerpos y otros tiempos.
En aquel instante en que te acercaste
a mis vagabundas ideas
sentí una lluvia de fuego en mi alma
me mojó y me quemó, a tu lado, callada.
Toqué tu piel con mis ojos
y besé tus palabras con mi aliento
respiramos juntos el aire discreto
pero vendaval por dentro de algún secreto.
A las siete. Te veré de nuevo a las 7:00
y -quizá- beberé esa gota de agua
que resbala por tu firme rostro...
espero, soñando, que el reloj avance.
Eslabón
perdido
llorosos
los álamos decían
que
vendría por la tarde
junto
al centinela del camino
volvería.
Pasaron
silenciosos los días
con
sus tardes y sus noches
y
la fuente se ha secado,
no
has llegado todavía
y
la roca que atraviesa la espada de tu olvido
talla
su melancolía.
Descifrando
fantasías
mis
manos empuñan un lento recuerdo
aún
no te has ido y me quedo mirando
la
lumbre que dejó la luna
allá…
arriba del techo
donde
se ha posado una estrella caliente.
Ven,
acércate y piensa en la brevedad del silencio
encallado
en las grietas del tiempo
mañana
es otro día
y
no creas que será el mismo suspiro
que
gemirá el gato.
Bajo
la luz de mi alero rosado
te
digo ahora lo que es probable olvide
esta noche
cuando
desanudes mi corsé al descuido.
Ven,
amor, y respira el aroma
que
ha dejado el viento entre mis
cabellos
que
mañana no sabes si caerá la lluvia.
Recontando
residuos
matando
ilusiones intrascendentes
¿será?
¿O
son ilusiones que definen vidas
demarcan
destinos
limitan
territorios durante años?
Ilusión
illusion illusien
Cristalina,
de nácar, de aire, azúcar
pompa
de jabón, impalpable
al
calor del sol
o
al frío lacerante del invierno.
O
te hace grande o desparrama
a
los cuatro vientos
en
cenizas a encontrar
una
calle ancha con garaje de granito
donde
almacenar resabios que
se
van desprendiendo de esa cosa
denominada
alma
y
jugar al puzzle con tus sueños mutantes…
Las
estaciones trascienden
y
sólo van quedando las láminas
invisibles
del tiempo
en
las manos que se llevó algún duende.
Floración
del subconsciente
Una
barca
sobre
el agua color ocre del océano
una
barca envejecida con dos cuerpos
solitaria
entre las turbias olas se mecía
unas
ansias de pasión entre las piernas
los
amantes en sus bocas despedían.
Esa
barca se alejaba y yo sin ella
me
quedé en un estanque y ella se iba
con
las manos imposibles para el vuelo
pude
oír que mi nombre se decía.
Mas,
como es sueño, en sueños una canoa
para
mí se desprendía
y
en ella aparecí junto a aquel hombre
vi
su rostro mas no era conocido
y
tenía las mil formas de un amante
él
me amaba y lloró junto a mi pecho
y
me dijo que jamás se alejaría.
Suspiré
y
en un suspiro de aquel sueño
desperté
y
perdí todo aquello que vivía.
Algún
día
como
hoja al viento reseca
olvidaste
el día de grises aleros
pegaste
el cerrojo de azules quimeras
y
rumbo a despojos volando has partido.
¿Qué
puedo yo hacer si me amas?
tu
tiempo ha pasado y ya no voy contigo
al
café ni a la iglesia de la esquina vacía.
¿Acaso
en mi tumba promesas plantaste?
¿para
qué?
¿para
revivir el amor que te he dado?
ese
amor ha muerto
y
otro ha reencarnado
y
así por los siglos de los siglos
hasta
que aparezcas y…
quizá
renazca en tu cuerpo
y
podamos finalmente
decirnos
“adiós,
yo
también te he amado”.
Des
idées et des mots
es
un hueco sin validez
no
traduce la profundidad del alma
ni
traduce el metafísico pensar.
Tú.
Mental imagen, tez canela
no
percibes, pues no oyes
lo
que el hueco umbral faríngeo
quiere,
pero no puede decir
no
oyes ni lees en el limbo labial
pues
no estás, tez canela. Lejanía.
Hay
también un ultrasecreto espacio
entre
el frontal y el parietal
enmaraña
las ideas, las sublimiza,
pero
no las puede expresar.
Tú.
Aroma de estío. Piel almíbar
te
entremezclas ahí dentro, las provocas.
Las
ideas te aprisionan, te poseen,
pero
tú no sientes nada. Piel ausente.
La
traición es una máscara blanca
faltaban
para
la cita indiscreta
pero
la luna
no
esperó
se
fue al encuentro
de
su camino
la
noche la acuchilló
en
medio de los arbustos
del
viento irascible
a
la orilla de aquel río seco
una
y otra vez.
Quizá
fueron doce
o
trece
o
quince
la
sangre brotaba
roja
y huidiza
quizá
fueron más
pero
aquella noche
la
luna solita
se
quedó llorando su suerte maldita
entre
los ramales dejando
su
alma
ya
sólo su cuerpo
regresó
a casa.
La
noche la ha cubierto
con
una máscara blanca.
Balada
de la luna
Cadencioso
cruza un gato el tejado
Hombre
lobo
camina
leve y cae al fondo
de
un abismo, mas es paraíso
que
envuelve hojas y parpadea:
una
de Adán, otra de Eva
una
de hombre, otra de moza.
Pronto
la luna…
evoca
el lobo
la
luna gime y el lobo besa
sus
ojos lentos
pero
ella huye
él
la persigue y aúlla su nombre
ella
no escucha y corre sola
por
la pradera de suaves luces
hasta
el aroma de un eucaliptus.
El
lobo entonces mira sus manos
no
tiene alas, la luna escapa
sube
a las nubes y desde ellas
dice
“hasta luego, vuelvo mañana”.
El
triste lobo se queda solo
y
poco a poco se va cambiando
las
vestiduras que son de hombre
y
torna tibio a su morada
a
echar de menos las noches bellas
de
luna llena sobre su almohada.
Prevista
la
cita erótica
el
lobo espera
la
hora en que la luna
redondea
su figura
y
en su brillo azul
flamea
corpiños
de seda pura.
El
hombre entonces
despedaza
la camisa
lobunos
latidos del pecho
le
brotan
el
vello en el pubis
se
transforma en pieles
y
cubren su cuerpo
y
dejan su alma
irse
con el viento
a
encontrar la luna
que
se ha dormido
entre
los pajares
esperando
al lobo
y
juntos inician
su
romance erótico
la
luna le baila
su
danza prohibida
el
lobo la viste
de
fuego en los senos
le
toca los labios
y
sella con ellos
mítica
leyenda.
Los
dos se consumen
y
en aquel incendio…
corren
las cortinas
hasta
que de a poco
el
sol aparece.
A manera de prólogo 7
Dedicatoria
9
Uno
11
Candideces
13
Tres
15
Feuilles
d’autumne
17
La
espuma
19
Caen
las hojas
21
Espejismos
22
Te
esperaré
24
Tal
vez
26
Madre
28
Dos
joyas
30
La
caracola
31
La
vida mató a la muerte
32
Dos
35
El
manifiesto
37
Euroamérica
39
Canto
en
El
llanto de Narciso
43
Melodías
de mi pueblo
44
Cerro
de San Cristóbal
46
Isla
Negra
48
Transparencias
50
London
52
Charente,
adieu
53
Dueño
de paisajes
54
Un
pañuelo blanco
56
No
quiero escribir
57
Tres
59
Obsesión
61
Sirena
62
Toledo
y tú
64
Eslabón
perdido
65
Descifrando
fantasías
66
Del
otro lado de la cortina
67
Quimeras
69
Recontando
residuos
71
Floración
del subconsciente
73
Algún
día
74
Des idées et des mots 75
La
traición es una máscara blanca 76
Balada
de la luna
78
Hombre
lobo
79
Balada
del hombre lobo
81
Compteur Général :